viernes, 27 de julio de 2018

El rescate de los jóvenes sin empleo, un reto de gran calado en los años por venir.



Al Margen

Adrián Ortiz Romero 

Oaxaca, Oax. 

Entre las luces y sombras que va ofreciendo la administración de Andrés Manuel López Obrador sobre sus proyectos y prioridades, hay una que debería destacar de entre todas: aquella que pretende rescatar del desempleo y de la deserción escolar a millones de jóvenes mexicanos, que hoy son conocidos como “ninis”, porque ni estudian ni trabajan. Independientemente de si se está o no de acuerdo con el AMLO candidato o con el AMLO adversario, vale la pena intentar comprender a fondo su propuesta para los jóvenes ya que este parece uno de los varios rubros olvidados en los últimos años.

En efecto, casi inmediatamente después de ganar la elección presidencial, López Obrador tuvo una reunión con la cúpula empresarial del país, del que emanó un acuerdo que para muchos ha sido polémico, pero que si se lleva a cabo correctamente, podría marcar un verdadero parte aguas para un sector de la juventud mexicana que ha estado marginado de las oportunidades de empleo y formación académica.

En aquella ocasión, luego del primer encuentro privado entre López Obrador y el sector empresarial —que tuvieron una historia de desencuentros durante el periodo de campaña, en el que cruzaron diversas acusaciones— el ex candidato de la Coalición Juntos Haremos Historia y el presidente del CCE, Juan Pablo Castañón ofrecieron una conferencia de prensa conjunta. A decir de ambos personajes la propuesta de emplear a jóvenes como aprendices, programa que se implementará a partir del 1 de diciembre y que se prevé beneficie a 2.6 millones de personas, fue bien aceptado por los empresarios.

¿En qué consiste dicho programa? López Obrador dio algunas luces en su libro “2018: La salida”. La idea de Jóvenes construyendo el futuro —explica López Obrador— está inspirada en las acciones que Franklin D. Roosevelt llevó a cabo durante la Gran Depresión para reactivar la economía norteamericana. En el caso mexicano se plantea ir casa por casa, inscribiendo a jóvenes para incorporarlos al trabajo y al estudio.

El programa tendrá tres objetivos generales: 1) Integrar a los jóvenes a las actividades académicas o laborales; 2) Alejarlos del desempleo y de conductas antisociales; y 3) Preparar la reserva de trabajadores capacitados para las actividades productivas que se esperan por el próximo crecimiento económico. Se intentará apoyar a 2,300,000 jóvenes que se integrarán al trabajo o a la capacitación para el trabajo. Esos jóvenes serán aprendices en empresas pequeñas, medianas o grandes, cercanas a sus casas, tanto del sector privado como del sector público.

Las actividades que se proyecta impulsar en el sector privado serán las agropecuarias, pesqueras, turismo, industria y servicios. En el sector público se apoyarán las actividades en Pemex y en la industria eléctrica; en mantenimiento de infraestructura, en remodelación de parques, jardines, calles y edificios públicos, construcción y en la siembra de árboles maderables y frutales. Cada joven reciba el equivalente a 1.5 salarios mínimos. Se calcula una erogación de al menos 99,360 millones de pesos al año.

La propuesta señala que es necesaria la coordinación con las empresas, pues los jóvenes deben estar bajo la responsabilidad de un empresario tutor. El gobierno transferirá el sueldo de los jóvenes aprendices. También se prevén algunos controles para minimizar los riesgos de simulación o corrupción: para que el pago continúe, será necesario un informe mensual sobre las actividades que desempeña el joven. La propuesta también enfatiza que no se debe suplantar a un trabajador ya existente por un joven para que funja como un trabajador subsidiado. Al final del periodo de apoyo, una vez que el joven haya adquirido habilidades clave para emplearse, el gobierno buscará la incorporación definitiva de los jóvenes a la actividad económica.

PROYECTO POSIBLE

La idea propuesta por López Obrador, explica el académico de la UNAM Tomás Pérez Alvarado (https://educacion.nexos.com.mx/?p=1416) ha gustado a la iniciativa privada. Jóvenes construyendo el futuro tiene la doble particularidad de proporcionar la necesaria capacitación del capital humano sin costo monetario para el empresario. Pero su brillo puede obnubilar la vista. El programa tiene un claro objetivo a largo plazo que puede perderse si no se toman las medidas adecuadas. Jóvenes construyendo el futuro pretende ser más que un programa de empleo temporal, busca ser la base que permita que los jóvenes reciban las competencias necesarias y pertinentes para insertarse en un mercado laboral. Para que ello ocurra deberá enfrentarse a varios retos: normativos, logísticos, en la supervisión del desarrollo de habilidades y de inserción laboral

De entrada, diversas normatividades deberán ser adecuadas para que se pueda instrumentar de manera efectiva y minimizar los riesgos. Un ejemplo de una buena idea que puede desvirtuarse y convertirse en un trámite más son las prácticas profesionales. Aun cuando existe un consenso sobre las ventajas que representan las prácticas profesionales en la adquisición de habilidades para el empleo —paradójicamente— ha sido un concepto casi olvidado en nuestra legislación educativa y en la legislación laboral. En la actualidad, el concepto no se encuentra presente ni en la Ley General de Educación ni en la Ley Federal del Trabajo. Las prácticas profesionales se han convertido, en muchos casos, en un trámite burocrático que el alumno debe sortear para completar los requisitos administrativos que la escuela le plantea. Ese es un camino que debe evitar el nuevo programa destinado a los jóvenes. Sin embargo, con la mayoría en ambas cámaras legislativas, no sería difícil revisar al menos dos artículos relacionados con la figura de aprendiz: el artículo 47 de la Ley General de Educación (que se refiere a los contenidos de la educación definidos en planes y programas de estudio), y el 153 de la Ley Federal del Trabajo (que se refiere a la capacitación y adiestramiento en los centros de trabajo).

Otro de los retos de la propuesta de López Obrador está en encontrar los mecanismos para desarrollar la logística que un proyecto de esa magnitud requiere: llegar a todos los rincones del país para detectar las empresas, establecer con ellas los mecanismos necesarios para la adopción responsable de un aprendiz, y encontrar los instrumentos más adecuados para la distribución de recursos. La experiencia demuestra que estructuras demasiado rígidas entorpecen la oportunidad de este tipo de propuestas. Es tan atractivo el programa, que múltiples actores políticos y gremiales querrán un papel protagónico.

RESULTADOS VERIFICABLES

El último eslabón de la estrategia, y con la cual se ponderará su verdadera eficacia, es la inserción laboral de los jóvenes, explica el autor citado. Por ello parece buena idea que el programa se coordine desde la Secretaría del Trabajo. El constante monitoreo de los jóvenes aprendices podrá anticipar las oportunidades de contratación en la empresa en la que desarrollan sus actividades. Serán necesarias acciones coordinadas entre diversas dependencias del gobierno. Jóvenes construyendo el futuro se presenta como el más ambicioso proyecto de capacitación y empleabilidad de las últimas décadas. Puede rendir grandes frutos. Pero deberá contar con el trabajo coordinado del gobierno, los empresarios y la sociedad civil.

NSS

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