miércoles, 26 de julio de 2017

2018: ¿Osorio Chong?




Raymundo Riva Palacio

Una vez más, el presidente Enrique Peña Nieto dejó claro cómo, cuando menos hasta ahora, se definirá la candidatura del PRI a Los Pinos. Será quien esté mejor evaluado en las encuestas y recibirá todo mi apoyo, le respondió al secretario de Turismo, Enrique de la Madrid, cuando le tocó el tema de sus propias aspiraciones. Por ese método, como han sido en todas las nominaciones a gobernadores en su sexenio, reiterado por el presidente, se ratifica lo publicado en este espacio hace varias semanas: Miguel Ángel Osorio Chong, secretario de Gobernación, será el escogido. Sin embargo, pese a la ortodoxia presidencial, ¿sería Osorio Chong el mejor representante del PRI en 2018?

Osorio Chong es, dentro del gabinete, quien más se acerca al arquetipo del viejo priista, que sabe combinar el oficio político con la mano dura y los castigos. Junto con José Narro, secretario de Salud y aspirante presidencial, es con quien quizás amplios sectores del PRI se sentirían más cómodos, y capaz de forjar alianzas tácticas con aquellos con quien difiere, que le permitiera añadir apoyos para su aventura. Eso debe agradarle a Peña Nieto, quien en momentos críticos ha llegado a exclamar ante su gabinete: “¡No se les olvide que soy priista!” Como le dijo a De La Madrid, se puede 'mover', pero dentro de los tiempos y formas del PRI.

La cohesión y estabilidad dentro del PRI es una de las preocupaciones del presidente. Osorio Chong conoce al partido. Fue el articulador de los respaldos de gobernadores priistas para Peña Nieto cuando buscaba la candidatura presidencial, con lo que amarró la Secretaría de Gobernación, con poder y respaldo. Por ejemplo, el presidente le entregó la decisión de nombrar todos los delegados federales, que son los brazos políticos del gobierno federal en el país, y ante lo cual contados secretarios presentaron oposición, y le permitió absorber la seguridad pública dentro de su área, con lo cual juntó los instrumentos de gobernabilidad y represión.

Peña Nieto no piensa como muchos otros en el país. Para él, la gobernabilidad ha sido mantenida en el país gracias al secretario de Gobernación. Para Osorio Chong, según funcionarios en su entorno, además de ese logro, ha ocupado los espacios dejados por muchos secretarios y resolvió problemas que otros no fueron capaces de solucionar. Es decir, el país estaría más inestable e incierto sin su trabajo, una visión que, para sorpresa de algunos de sus interlocutores, ha llegado a expresar el presidente. 

La aritmética favorece la candidatura de Osorio Chong. En las pocas semanas que faltan para la definición de la candidatura priista, no hay secretario de Estado que pueda alcanzarlo, objetivamente hablando, en los porcentajes de preferencia electoral. La forma como el presidente aprecia su trabajo y todo lo que le ha tolerado, apuntalan esta hipótesis de trabajo. Al secretario de Gobernación se le escapó Joaquín El Chapo Guzmán, tras un año de descuido del Sistema Federal Penitenciario, cuyos presupuestos fueron deshidratados. Tampoco le han costado las denuncias internacionales sobre el espionaje, que en parte se le ha achacado, pero además, porque la extendida intervención telefónica en México, en la cual se han visto afectados secretarios de Estado, no ha sido investigada ni frenada por él, quien es responsable de la seguridad interior.

Si estos dos ejemplos no son suficientes para mostrar deficiencia, incapacidad o perversidad incluso –dejar pasar lo que afecta a otros–, que deberían haber hecho levantar las cejas al presidente, la joya de la mala rendición de cuentas en Gobernación es la seguridad pública. Futuros subsecretarios de Gobernación afirmaban en vísperas del arranque del gobierno, que en tres meses se acabaría la violencia, porque la estrategia fallida del gobierno de Felipe Calderón iba a ser radicalmente modificada por una de prevención. No hubo nada de ello, ni siquiera presupuesto. Y en la actualidad, la violencia en cuatro años y medio de gobierno peñista superó a la del sexenio completo anterior, y el número de homicidios dolosos rompe récord cada mes. El abuso de la fuerza y la tortura como método de interrogación por parte de los policías federales se ha registrado con alarma por gobiernos extranjeros.

En función de los resultados, el secretario de Gobernación es uno de quienes menos rendimientos positivos tienen. No se encuentra en el rango de los peores por cuanto a las metas propuestas y las alcanzadas, pero en lo que concierne a la sociedad, la seguridad pública que es lo que más le afecta, el retroceso es notable. Ese mal trabajo es lo que más ha aportado al descrédito del presidente Peña Nieto en el exterior, y lo que lo coloca en el umbral de las cortes internacionales –el espionaje y el apoyo a los grupos paramilitares en Michoacán, como sus principales pesadillas.

La pregunta de qué tanto adjudica el presidente esas deficiencias a su secretario de Gobernación, se responde con la ausencia de señales que ello haya afectado su relación. Pero si hay algo detrás, no se verá hasta el momento que Peña Nieto decida a su sucesor. Por lo pronto, el método de las encuestas le da la candidatura. Sin embargo, esta decisión no será igual a las previas. Peña Nieto se juega la presidencia y su tranquilidad para poder disfrutar sin persecuciones políticas y penales las décadas por delante que tendrá sin fuero. Si la racionalidad por fuera del espejismo de las encuestas se anida en su cabeza, la candidatura designada puede esfumarse y Osorio Chong conformarse con algo que no sea Los Pinos.

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