Ivonne Mateo
UNIÓN HIDALGO, Oaxaca
Han pasado ocho años desde que la empresa Desarrollo Eólico Mexicano (Demex) llegó a la comunidad de Unión Hidalgo en el Istmo de Tehuantepec para instalar 120 aerogeneradores en dos parques eólicos. Las consecuencias irreversibles que este hecho ha dejado para el ecosistema ha fortalecido a los habitantes para sostener, frente a toda autoridad federal, que en Unión Hidalgo no tendrán más espacio los proyectos de generación de energía con parques eólicos.
"Ya no estamos dormidos, la gente de la comunidad ya tiene conciencia. Antes las empresas les metían la idea de que si no tenían terrenos no tenían ni voz ni voto pero ya se van dando cuenta de que las afectaciones son para toda la comunidad", menciona la activista y propietaria indígena Guadalupe Ramirez Castellanos, mujer que cayó en los engaños de Demex en el año 2011 y perdió su propiedad. "Firmaste, te chigaste", le dijeron cuando protestó.
La nueva amenaza
El parque Guanaa Sicaruu de la empresa Eólica de Francia pretende aterrizar en este año. La Secretaría de Energía (Sener) del Gobierno Federal arribó a la comunidad la semana pasada para comenzar el proceso de Consulta Indígena a través de la Asamblea de Acuerdos Previos, empero, el acompañamiento legal que ha brindadode la organización Proyecto de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (Prodesc) a la comunidad permitió que la Comisión Nacional de Derechos Humanos ordenara la suspensión de la consulta.
"Pensaron (las autoridades) que iba a ser fácil y se iban a salir con la suya como siempre. Los abogados que entienden los términos legales de los convenios cuestionaron al presidente municipal -Wilson Sánchez- y al representante de la Secretaría de Energía (Sener) -Rodolfo Salazar- porque estaban actuando mal, estaban mintiendo", denuncia Pedro Matus Ruiz, agrónomo indígena de la organización En Defensa de la Vida y el Territorio.
Demex, una muestra de imposición
Si los comuneros, activistas y habitantes en general decidieron unirse y buscar respaldo de demás organizaciones fue porque, con la construcción del primer parque eólico, descubrieron que las autoridades gubernamentales no tendrían oídos para ellos.
"En ese momento nadie nos habló de que teníamos derecho a una consulta, ellos se metieron con la anuencia del Gobierno, sin consultar a nadie. Nos llevamos una decepción tremenda de las autoridades porque pensamos que iban a proteger a sus pueblos indígenas pero nos dejan a nuestra suerte, se la pasan diciendo que las empresas traen progreso cuando sólo ocasionan despojo", asevera Guadalupe.
No una, sino muchas veces los comuneros han acusado a las empresas eólicas de mentir y defraudarlos.
"Llegan y tratan bien a la gente, se aprovechan de que muchos desconocen algunos términos y nosotros los indígenas siempre atendemos bien al visitante, ofrecemos lo poco que tenemos y tarde nos dimos cuenta que de parte de ellos no existe el respeto ni la buena fe. Ellos sólo vienen por negocio, sólo les interesa quitarnos nuestras tierras. Ya no lo vamos a permitir, somos indígenas pero no somos tontos", menciona la mujer.
Y es que las empresas eólicas, más que beneficios, sólo han dejado daños para los habitantes y para el ecosistema de la región.
¡Nuestro ganado!
Cada aerogenerador requiere para su mantenimiento cerca de 200 litros aceite, sustancia que, al tratarse sin cuidado alguno, daña el subsuelo, las cosechas de los campesinos, el agua y la salud del ganado.
"Hay fuga de aceite y se contamina todo, nos tachan de locos pero batallamos con nuestros animales y la producción", lamenta don Pedro Matus.
Otro daño visible ha sido la muerte por colisión de aves y murciélagos a raíz de la instalación de los parques.
"Te podías recostar y veías a millares de aves pasar, eso ya no se ve, y es triste".
Cada aerogenerador, explica, requiere la excavación de más de 7 metros de profundidad, 80 toneladas de varilla y 800 metros cúbicos de concreto; sin embargo, a sólo 4 metros de excavación, los terrenos de la comunidad dan agua.
"No les importa, nos les importa nada con tal de construir esas cosas y ganar dinero". Lo que nos traen es la destrucción de nuestras tierras, no generan empleos y, dentro de poco, no vamos a tener que comer porque la tierra va a dejar de producir, todos vamos a pagar esto, hasta los que no viven aquí".
"No más eólicas"
No obstante, si algo tienen decidido los comuneros y habitantes de Unión Hidalgo es que la Consulta Indígena arrojará resultados negativos para las empresas.
"No tenemos mucha preparación pero tenemos mucho sentido común y eso debe distinguir al ser humano. Hemos vivido de la tierra por generaciones, los tatarabuelos de mis tatarabuelos vivieron de la tierra, nosotros seguimos viviendo de la tierra, la tierra es inagotable, nos da de comer, es nuestra vida", asevera don Pedro.
Y advierte que aunque las autoridades federales pretendan alcanzar su objetivo, los habitantes siempre se opondrán.
"Somos indios pero no estamos ciegos", dice tajante.
Les debe importar la reconstrucción
El nuevo proyecto eólico proyecta para Unión Hidalgo 85 aerogeneradores en una zona de manglar, este hecho, advierten, amenaza el agua como recurso natural de la comunidad. Además, conlleva la afectación de 3 mil hectáreas de terrenos y el despojo a 170 campesinos.
Por ello los comuneros exigen la consulta indígena, empero piden a las autoridades federales realizarla hasta que se den las condiciones.
"Apenas ayer se levantó una lista de 80 personas que perdieron sus casas por el terremoto del año pasado y les cometieron fraude con las tarjetas. Pero a las autoridades le importa más su negocio que el que la gente esté en la calle", lamenta Guadalupe.
Además, señalan que el proceso electoral 2017-2018 tambień interrumpe la realización de la consulta y amenaza sus resultados.
Sin dejar de mencionar que los requerimientos internacionales especifican desarrollar una consulta previa, libre e informada, hecho, que denuncian los afectados, no se está haciendo, pues los convenios ya están firmados.
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